¿Qué significa que un zapato sea artesanal?
Cuando escuchamos la palabra artesanal, probablemente imaginamos un pequeño taller, herramientas manuales y una persona haciendo un producto prácticamente con sus propias manos.
Yo también tenía esa idea.
Pero después de estudiar diseño de calzado y conocer diferentes formas de fabricación, descubrí que la realidad es bastante más interesante.
Porque hay algo que suele confundirse:
Artesanal no significa necesariamente hecho sin máquinas.
Entonces, ¿qué hace artesanal a un zapato?
Un zapato artesanal es: el resultado del conocimiento y la experiencia de las personas que participan en su fabricación, especialmente cuando existen procesos en los que su habilidad y criterio son indispensables para conseguir el resultado final.

Las máquinas son herramientas. Pueden hacer un proceso más preciso, uniforme o eficiente, pero no sustituyen el conocimiento de quien sabe utilizarlas.
Y esto es importante porque existe la idea de que, en cuanto aparece una máquina, el producto deja de ser artesanal.
No necesariamente.
Las máquinas también forman parte del oficio
Durante mi formación como diseñadora de calzado tuve la oportunidad de conocer fábricas de diferentes características, incluyendo fábricas de calzado de alta gama.
Algo que me llamó especialmente la atención fue encontrar maquinaria especializada en prácticamente todos los procesos.
Y, al mismo tiempo, encontrar personas con años de experiencia que se consideraban orgullosamente artesanos.
Al principio parece contradictorio.
¿No debería un artesano trabajar solamente con herramientas manuales?
En realidad, no.
Una máquina puede realizar una operación, pero necesita a alguien que sepa cómo, cuándo y con qué precisión realizarla.
Por ejemplo, una máquina de coser industrial puede hacer una costura de manera rápida y uniforme. Pero la persona que está trabajando con ella debe saber cómo manipular el material, mantener la tensión adecuada y reconocer cuando algo no está quedando como debería.

La máquina es la herramienta.
El conocimiento sigue estando en las manos de quien la utiliza.
Pero entonces, ¿todo zapato hecho por personas es artesanal?
Tampoco.
Aquí es donde vale la pena hacer una distinción.
Actualmente existen procesos de fabricación altamente industrializados, en los que buena parte del trabajo puede realizarse mediante sistemas automatizados, brazos mecánicos y líneas de producción.
En estos casos, la intervención humana puede limitarse principalmente a supervisar los procesos y controlar los resultados.
Ese tipo de fabricación existe y es una parte importante de la industria del calzado.
También existen fabricantes que trabajan con distintos grados de mecanización y pequeños talleres donde la intervención manual tiene un papel mucho más importante.
No existe una frontera perfectamente definida entre “industrial” y “artesanal”.
Más bien existe un espectro.
Y por eso no podemos determinar si un zapato es artesanal simplemente contando cuántas máquinas participaron en su fabricación.
Lo que realmente importa es qué hace la persona
Imagina dos lugares donde se utilizan máquinas para fabricar zapatos.
En uno, una línea automatizada realiza gran parte de las operaciones y las personas supervisan que el sistema funcione correctamente.
En otro, también existen máquinas, pero las personas toman constantemente decisiones sobre los materiales, ajustan los procesos, corrigen problemas y realizan operaciones que requieren experiencia y habilidad.

Ambos utilizan maquinaria.
Pero el papel del ser humano es muy diferente.
Ahí está una de las claves para entender qué significa realmente un producto artesanal.
Y hay algo más: un zapato nunca lo hace una sola persona

Quizá esta sea una de las cosas que menos pensamos cuando compramos un par de zapatos.
Detrás de ellos puede haber diseñadores, personas dedicadas al patronaje, cortadores, pespuntadores, montadores, fabricantes de suelas, proveedores de piel y muchos otros especialistas.
Cada uno aporta conocimientos diferentes.
En México, además, una parte importante de esta industria está formada por pequeñas y medianas empresas y talleres especializados que trabajan como proveedores o maquiladores de diferentes procesos.
Por eso hablar de “hecho a mano” no necesariamente significa hablar de una sola persona haciendo todo.
También puede significar un conjunto de oficios que trabajan juntos para crear un producto.
¿Y por qué debería importarte como consumidora?
Porque conocer cómo se fabrica algo te da mejores herramientas para decidir qué comprar.
No significa que tengas que convertirte en experta en calzado ni que un método de fabricación sea automáticamente bueno y otro malo.
Significa que puedes empezar a hacer preguntas:
- ¿De qué materiales está hecho?
- ¿Cómo fue fabricado?
- ¿Quién lo fabricó?
- ¿Se puede reparar?
- ¿La marca explica de dónde vienen sus materiales y cómo trabaja?
Cuando conocemos las respuestas, podemos entender mejor por qué existen diferencias de precio y calidad entre productos que, a primera vista, pueden parecer muy similares.
Y también podemos valorar algo que normalmente permanece invisible:
el conocimiento de las personas que hicieron posible ese producto.
Entonces, ¿qué significa realmente que un zapato sea artesanal?
Para mí, después de haber crecido en una familia dedicada al calzado y de haber estudiado diseño, significa mucho más que “hecho a mano”.
Un zapato puede fabricarse con máquinas y seguir teniendo una importante intervención artesanal. Al mismo tiempo, existen procesos de fabricación altamente industrializados en los que la intervención humana es mucho menor.
La diferencia está en el proceso y en el grado de participación que tienen las personas en la construcción del producto.
Por eso sí existen zapatos con un alto grado de elaboración artesanal, donde la experiencia y las habilidades de quienes los fabrican son indispensables y donde determinados procesos requieren de sus manos, su criterio y sus conocimientos.

Pero aquí viene la parte que nos corresponde como consumidores:
Aprender a reconocerlo.
No basta con que una marca diga que algo es artesanal:
- Podemos aprender a observar cómo está fabricado un producto,
- qué materiales utiliza,
- qué procesos requiere,
- qué posibilidades tiene de reparación
- y cuánto conocimiento hay detrás de él.
Cuando aprendemos a reconocer estas características, dejamos de valorar un zapato únicamente por su marca o por lo que dice su etiqueta.
Empezamos a valorar el producto por lo que realmente es.
Y creo que conocer el oficio es una de las mejores herramientas que tenemos para hacerlo.
El oficio continúa en cada pieza.
En Uvintage diseñamos y seleccionamos calzado y accesorios pensando en quienes valoran los objetos bien hechos, los materiales que envejecen con nosotros y un estilo que va más allá de las tendencias.
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